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Dra Celeste Celano - Revista Para Ti Mamá

 Sin título 1

¡Al fin solos! :

“Cómo extrañaba dormir boca abajo” “Voy a poder mirar tele hasta la hora que quiera”. Y sí, el tiempo pasa, y llegó el momento en que tu pequeño empezó a dormir en su propia habitación. Y ustedes felices, porque no hay nada más lindo que ver crecer a un hijo. Aunque de pronto, una noche, y otra, y otra....  ¡comenzó a dormir entre ustedes dos nuevamente! Según la pediatra  Celeste Celano, las estadísticas arrojan que 8 de cada 10 niños, suelen tener este hábito a partir desde los 20 meses, que es cuando tienen cierta autonomía motriz.

 

FAMILIAR


La especialista cuenta que el niño que se pasa de cama, tiende a hacerlo sistemáticamente todas las noches, generando un hábito. Esto por supuesto varía en función de algunos factores personales, ya que cada chico tiene diferentes etapas de sueño que lo llevan a distintos despertares nocturnos. Cuando despiertan por las noches e identifican que están "lejos de mamá y papá" es cuando, generalmente, van corriendo a la otra habitación. "Este tipo de conductas o hábitos tiene una intrínseca relación con la dinámica familiar, los horarios de trabajo de los padres, la asistencia o no a guarderías, horarios escolares y rutinas en general”, indica la profesional.

MOTIVOS


Los más frecuentes, esperables y no patológicos suelen ser varios: miedo a la oscuridad, inseguridad, soledad o simplemente el deseo de querer pasar más tiempo con papá y mamá. "Es tarea de los padres y eventualmente del pediatra, descubrir los motivos. El diálogo y el juego son dos herramientas clave para detectar o visualizar las causas”, sostiene la asesora. Y continúa: "Cada uno conoce a su hijo y lo conveniente es buscar un espacio de diálogo en familia para que se pueda expresar y manifestar lo que le sucede”. Para la experta, esta es una manera de interiorizarnos en su mundo e identificar los problemas con mayor facilidad.


DE DÍA Y DE NOCHE


Una vez identificado el motivo, hay que trabajar para erradicar esta práctica porque, por un lado, puede perjudicar el desarrollo del pequeño, haciéndolo más dependiente e inseguro, y por el otro, obstaculiza la relación de pareja, que también necesita tiempo y espacio para su propia intimidad. "No hay razones para preocuparse sino más bien razones para ocuparse de criar niños sanos e independientes. Lo más importante es reconocer que los cambios no suceden de un día para otro y siempre requieren de constancia y paciencia”, señala Celano, quien aconseja que por más difícil que sea, lo ideal es regresarlo a su cama cada vez que se pase. Por las noches esto cuesta porque los papás estamos cansados. Por eso es importante anticiparse y trabajar el tema con el niño durante el día, reforzando la confianza en sí mismo y su autoestima. Y concluye: "En el caso de que lloren o no quieran volver a su cama, una forma de recobrarles la seguridad es quedarse un ratito con ellos, cantarles una canción o hacerles saber que no están solos".